Reinterpretar el territorio

Me fascinan las formas nuevas de interpretar el territorio desde dimensiones diferentes, de mirar la realidad con ojos diferentes para ver lo que otros no. Quienes lo saben hacer a menudo obtienen una ventaja tremenda sobre el adversario.

Hoy mismo, David de Ugarte firma un interesantísimo artículo titulado Cómo el EIIL está cambiando tu forma de ver el mundo. En él explica que una de las tácticas de expansión jihadista está en centrarse no en la conquista geográfica o en los kilómetros cuadrados, sino en los caminos y los nodos. No en la carne, sino en el sistema nervioso del territorio. El resultado es una expansión más rápida y efectiva, aunque sea en menos superficie total. Justo lo opuesto a la idea de conquista tradicional más centrada en ocupar hectareas y recursos.


Esto me ha recordado dos ejemplos más de reinterpretación del territorio: uno de ellos lo dio, sin no recuerdo mal, Molly Wright Steenson en el Reboot de 2009. Iba sobre la reinterpretación de la arquitectura de los territorios de Gaza por parte del ejército israelí. Valoración moral aparte, la idea me dejó turulato durante varios días.

Al parecer, uno de los problemas más serios de los comandos israelíes que actuaban en Gaza era que no dominaban los entramados de corredores, pasillos, ventanas y puertas de las casas del lugar. Su modelo arquitectónico les era ajeno y difícilmente anticipable. En un terreno que no dominaban acababan siendo presa fácil de emboscadas. Para recuperar el dominio de la situación tenían dos alternativas: o cambiar de terreno o cambiar la interpretación que hacían de él.

Hicieron lo segundo: replantearon la arquitectura. Ignoraron la idea de arriba o abajo, de puerta o ventana. Las casas pasaban a se volúmenes con tantos puntos de entrada como caras. Los techos podían ser puertas, las paredes ventanas. Atravesaban el territorio sin pisar la calle y se mantenían a salvo de francotiradores o ataques inesperados desde las azoteas. Si cambias la física y los ejes de las dimensiones, dejas a tu oponente fuera de lugar. Con instrumentos nuevos que permitiesen abrir agujeros rápidamente, le dieron la vuelta a la tortilla. Lo llamaron "Geometría Inversa" (gracias a Ramón, en los comentarios, por darme más referencias sobre este tema).

Foto hecha por Kent Klich en Gaza, ganadora del premio de World Press Photo 2010.

Foto hecha por Kent Klich en Gaza, ganadora del premio de World Press Photo 2010.


El tercer ejemplo lo dio CartoDB cuando construyó un mapa en el que se visualizaban los tweets a favor y en contra de la independencia de Escocia en su referendum. El mapa no muestra los votos sino los focos de opinión, los nodos desde los que se distribuyen las ideas.

Puede que no sea el ejemplo más loco, hay muchos más en su galería, pero es un ejemplo maravilloso de muchas otras formas de entender el espacio.

Sonido, interfaces y McLuhan

Hace diez años escribí defendiendo el uso de sonido en las interfaces de usuario. Mi argumento era que el sonido es una de las formas más efectivas para dar feedback que tiene un sistema porque no necesita de la atención del usuario y porque con el sonido se pueden decir muchas cosas. 

Mis ideas recibieron docenas de críticas, entre ellas una de Enrique Dans  que recuerdo con simpatía por la viñeta que ilustraba su post. Casi todas hacían referencia a lo intrusivo y poco discreto que era el sonido. Tenían razón en ese argumento pero el tiempo ha demostrado que los pros son superiores a los contras. El sonido se ha impuesto. Lo hemos aceptado de manera natural.

Hoy reordenaba libros en el estudio y me ha dado por hojear algunos de McLuhan que leí en la carrera y en mis primeros años de trabajo:

Lean a McLuhan y déjense de tanto Medium

Lean a McLuhan y déjense de tanto Medium

Cito de uno de ellos:

El oído no favorece ningún ‘punto de vista’ en especial. Estamos rodeados por sonido. Forma una red contínua alrededor nuestro. Decimos “que la música llene el aire”, pero nunca decimos “Que la música llene un segmento particular del aire”.

Oímos sonidos de todos lados sin tener nunca que centrar nuestra atención en ellos. Los sonidos vienen de “encima”, de “debajo”, de “en frente” de nosotros, de “detrás” de nosotros, de nuestrs “derecha” de nuestra “izquierda”. No podemos apagar el sonido de forma automática. Simplemente no estamos equipados con pestañas. Mientras que el espacio visual es un continuo ordenado de cosas relacionadas uniformes, el mundo del oído es un mundo de relaciones simultáneas.

 

Todos, sin mirar la pantalla de nuestro smartphone sabemos cuando nos ha llegado un mensaje de whatsapp, cuándo es una llamada o cuándo es una mención de twitter.  El ordenador nos avisa de cuando nos quedamos sin batería o si es la hora de una reunión que teníamos programada. Lo mismo hace nuestro coche: pita cuándo ha entrado en reserva o si nos acercamos mucho al coche de detrás al aparcar, todo mediante sonidos. 

Lo cierto es que si pudiéramos elegir, probablemente preferiríamos el sonido a la imagen precisamente por lo que dijo McLuhan hace… ¡Cincuenta años!

El sonido es multidireccional, multidimensional y no necesita de nuestra atención. Es mucho más intrusivo que la imagen, sí, pero justo por eso es bueno para ciertas cosas. No para todas, sólo para cuando un evento realmente requiere nuestra atención.

Wabi Sabi

Acabo de terminar la lectura de Wabi-Sabi: for Artists, Designers, Poets & Philosophers. Lo leí por recomendación (y préstamo) de socio Jesús. Y yo, a su vez, se lo recomiendo a los pocos que seguís pasando por aquí de vez en cuando.

Wabi-Sabi es un concepto japonés que hace referencia a la belleza de lo imperfecto, lo impermanente y lo incompleto.

Nada es perfecto en la naturaleza, al menos en el sentido geométrico-euclidiano en que lo concibe occidente. Nada es impermanente porque todo está en proceso, todo en la vida nace o muere. Y nada es completo porque si lo fuera, sería perfecto y permanente, porque la completitud no existe en la naturaleza; es sólo una abstracción ideada por el hombre.

Esta estética, surgida alrededor de la vieja ceremonia del té, tiene mucho de melancólico y otoñal. Es la estética de los objetos que envejecen con el uso, que están hechos de materiales orgánicos, que tienen vida propia.

Wabi-Sabi es la madera, el metal oxidado, el cáñamo, la tela cruda, la cerámica…

Lo que más me sorprendió del libro fue la comparación que hace el autor entre el Wabi-Sabi y la estética modernista nacida en Europa con la Bauhaus y reivindicada por la Escuela de Ulm (encarnada en Braun).

Similitudes

  • Las dos se refieren a cualquier objeto, espacio o diseño creado por el hombre.

  • Las dos surgen como reacciones contundentes contra las sensibilidades establecidas. El modernismo surge contra el eclecticismo y el clasicismo del s. XIX; el Wabi-Sabi surge por oposición al perfeccionismo chino del s. XVI.

  • Las dos evitan cualquier ornamentación que no es consustancial a la estructura.

  • Ambas son representaciones abstractas de la belleza.

  • Ambas son claramente identificables por las superficies de sus objetos: el modernismo es pulido, limpio y regular; el Wabi-Sabi es rugoso, imperfecto y crudo.

Principales diferencias

  • El modernismo implica una visión del mundo racional, el Wabi-Sabi propone una visión intuitiva.

  • El modernismo propone principios absolutos; el Wabi-Sabi los propone relativos.

  • El modernismo busca productos fabricables en serie, reproducciones exaxctas; el Wabi-Sabi produce objetos únicos y artesanales.

  • El modernismo expresa su fe en el progreso y mira al futuro; para el Wabi-Sabi no hay progreso ni futuro.

  • El modernismo se basa en la organización geométrica de la forma; el Wabi-Sabi se basa en la forma orgánica.

  • El modernismo usa materiales artificiales; el Wabi-Sabi usa materiales naturales.

  • El modernismo se expresa desde la pureza; en el Wabi-Sabi la corrosión y la degradación enriquecen la expresión.

  • El modernismo es luminoso y brillante; el Wabi-Sabi es oscuro y mate.

El libro me ha recordado la casa del pueblo de mis abuelos. Siempre me gustó fijarme en las herramientas de labranza, en cómo envejecían y eran más agradables cuanto más viejas. La madera se iba puliendo con el uso, el metal de las azadas se corroía por unos sitios y se pulía por los otros, por los que tocaban la tierra. Todas esas herramientas envejecían y lo hacían con mucha dignidad.

Tom Kelley, de IDEO, decía en algún sitio que las personas desarrollamos vínculos emocionales con los productos que envejecen con nosotros (los pantalones vaqueros, las cámaras de fotos, los coches…). El desgaste que experimentan nos recuerda que han vivido con nosotros, que nos han acompañado de cerca.

Los productos de hoy en día envejecen fatal. Quizás porque abusan del plástico, porque apenas tienen materiales orgánicos. Quizás si hubiera más tela o más madera en los gadgets de hoy en día… Quizás si las cámaras digitales tuvieran cuero como las de antes, o el scrollwheel del iPod se desgastase con el uso…