Por qué no hago propuestas gráficas en concursos

Hoy me han ofrecido participar en una propuesta para un cliente importante junto con otra empresa. Me proponían presentar tres pantallas diseñadas en un plazo de 3 días. Es algo relativamente habitual en el sector. En el mundo anglo hasta tiene un nombre: free pitchingspec work (de trabajo especulativo), y no hay mes que no me hagan un ofrecimiento parecido. He declinado, como siempre, tratando de explicar mis razones.

Estos son los motivos por los que no participo en concursos con propuestas:

1

Prefiero no trabajar para alguien que juzga un producto interactivo por su aspecto visual. No sólo es algo equivocado, incompleto, sino que habla mal del cliente. ¿Querría casarme con alguien que no ha hablado conmigo y sólo me ha visto en una foto? Decididamente no. ¿Por qué iba a querer comprometer mi trabajo de meses con alguien que me juzga por lo meramente visual de dos pantallas compuestas en tres días?

2

Porque lo visual es la forma y la forma es consecuencia de la función. Empezar por la forma, entregar la forma, habla mal de mi trabajo. Esas tres pantallas son el final del trabajo, no el principio. 

3

Porque si quiero demostrar capacidad gráfica, tengo un portfolio amplio que pueden consultar en cualquier momento.

4

Porque quiero cobrar por mi trabajo. Si tengo que pensar varios días para entender bien la necesidad de un cliente y cómo articularla en una app, espero que él reconozca mi trabajo y por lo tanto lo pague. 

5

Porque cuando trabajo para un cliente lo hago en una relación de persona a persona, donde cada parte es plenamente dueña de sus decisiones, donde se me evalúa por mi capacidad, mi responsabilidad y la afinidad que tengamos en el modo de entender el trabajo. No trabajo para corporaciones sin cara ni en formatos en los que el que vende se pone por debajo del que compra. 


Los mejores clientes que he tenido, que tengo, se han tomado mucho tiempo en conocerme y en que les conociera. Han estudiado mi trabajo porque ellos se jugaban el suyo contratándome. Han valorado si soy serio, responsable o trabajador, si soy inteligente, más racional o más emocional. Han preguntado por mí a otras personas.

Una relación de trabajo en diseño (igual que en muchos otros ámbitos) no tiene sentido si no se articula de igual a igual, desde el respeto más profundo entre ambas partes: tú me entregas tu necesidad con la confianza de que le daré solución de la mejor forma posible, yo te entrego mi diseño con la confianza de que lo pondrás a funcionar de la mejor manera posible.

La selección por la vista es para relaciones cortas, para elegir qué comes o qué te pones, para el paseíllo de las meretrices en el burdel, antes de que el cliente elija a cuál se lleva a la cama. No son esas las formas que le vienen mejor a nuestra profesión y no veo por qué deberíamos aceptarlas.