Etnografía, cambio social y metodología
Tuesday, 1 de May de 2007Aiga, la asociación de diseñadores norteamericanos, ha publicado un libreto sobre etnografía titulado An Ethnography Primer (pdf). El libro versa sobre la importancia de la etnografía (la observación de usuarios en su contexto) como método para hacer mejor diseño.

Nadie duda de la utilidad de la etnografía como técnica, especialmente desde que empresas como IDEO o Envirosell la popularizasen frente a los aburridos y desafinados focus groups. La etnografía nos dice cómo se comporta la gente en su entorno y nos abre la puerta a idear formas de hacerlo más confortable.
Vista desde esa óptica, la etnografía mejora el statu quo pero no lo cambia, no es el camino a la innovación sino al asentamiento de lo existente: diseñar productos que encajen en el estado actual de las cosas. Andrew Blauvert lo plantea con un ejemplo revelador, extraido del libreto de AIGA:
The brochure’s most concrete example of applied ethnography is a coffee-cup holder, which research directs us to place on the left side of the steering wheel where it is easier to reach when driving. This example illustrates the promise that ethnography can identify barriers and provide clues to where problems exist: “Ethnography vividly identifies people’s ‘pain points’ and guides the way towards solutions. For example, the obvious solution to improve the morning commute is a cup holder.” But the “obvious solution” to improve the morning commute may be not adding a cup holder to the left side of the steering wheel, but actually shortening it.
Para Blauvert hay un riesgo en la etnografía y es que nos lleve a valoraciones muy superficiales al obervar los contextos de los usuarios. Yo creo que el riesgo es aún mayor: la etnografía puede convertirse en una fuerza muy conservadora, que puede servir para diseñar sistemas y productos que nos hagan aceptar situaciones desfavorables o injustas.
Un ejemplo rápido, algunas estaciones de metro de madrid que se solían colapsar de pasajeros han sido reformadas. En lugar de poner más trenes con más frecuencia se ha optado por ensanchar los andenes para que la gente no se sienta tan apretada pero siga teniendo que dejar pasar trenes porque la gente no cabe. Justo antes de esa reforma se podía ver a chavalillos con credencial contando personas.
Otro ejemplo de ese lado evil es, precisamente, el tipo de trabajo de Envirosell: rediseñar los supermercados para que la gente acabe comprando más. ¿Cómo? Cambiando las cosas de sito cada cierto tiempo y obligándonos a recorrer más metros para tentarnos con más cosas, poniendo productos de venta prioritaria a la altura de los ojos o colocando las chucherías en las cajas, para tentar a los niños mientras esperamos en la cola para pagar.
De IDEO también se ha dicho que si investiga tanto el contexto y hace productos que se adapten a el, nunca cambia el contexto. En el lado opuesto a IDEO estarían Sony o Apple, poco dados a la etnografía y más a crear productos nuevos para contextos de uso que no existían previamente, como el Walkman.
Evidentemente estoy forzando los ejemplos para mostrar confrontación donde no la hay (o donde no hay tanta), aunque la reflexión merece la pena. Nos lleva al viejo tema de si la metodología anula la creatividad o la encauza. Un colega de prestigio que mejor no nombro dice, medio en broma medio en serio, que
“la metodología es para los que no tienen ni puta idea”
La cosa tiene su parte de verdad, aunque mejor no decirlo en público no sea que alguno de los que empiezan vaya y se despeñe por salirse del camino.
Lo indudable es que la metodología condiciona y tiende a provocar que diseñemos productos hechos en serie, igualitos unos a otros. Si nada cambias, nada cambia. También es cierto que sin método tienes muy pocas probabilidades de hacer algo sólido. Cuanto más quieras asegurar, más tendrás que ceñirte a la metodología, pero menos probabilidad de cambiar las cosas de forma significativa.
Mejor paro, que me estoy metiendo en un berenjenal yo solito y para este post no tenía un guión hecho









