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Etnografía, cambio social y metodología

Tuesday, 1 de May de 2007

Aiga, la asociación de diseñadores norteamericanos, ha publicado un libreto sobre etnografía titulado An Ethnography Primer (pdf). El libro versa sobre la importancia de la etnografía (la observación de usuarios en su contexto) como método para hacer mejor diseño.

etnographyprimer.png

Nadie duda de la utilidad de la etnografía como técnica, especialmente desde que empresas como IDEO o Envirosell la popularizasen frente a los aburridos y desafinados focus groups. La etnografía nos dice cómo se comporta la gente en su entorno y nos abre la puerta a idear formas de hacerlo más confortable.

Vista desde esa óptica, la etnografía mejora el statu quo pero no lo cambia, no es el camino a la innovación sino al asentamiento de lo existente: diseñar productos que encajen en el estado actual de las cosas. Andrew Blauvert lo plantea con un ejemplo revelador, extraido del libreto de AIGA:

The brochure’s most concrete example of applied ethnography is a coffee-cup holder, which research directs us to place on the left side of the steering wheel where it is easier to reach when driving. This example illustrates the promise that ethnography can identify barriers and provide clues to where problems exist: “Ethnography vividly identifies people’s ‘pain points’ and guides the way towards solutions. For example, the obvious solution to improve the morning commute is a cup holder.” But the “obvious solution” to improve the morning commute may be not adding a cup holder to the left side of the steering wheel, but actually shortening it.

Para Blauvert hay un riesgo en la etnografía y es que nos lleve a valoraciones muy superficiales al obervar los contextos de los usuarios. Yo creo que el riesgo es aún mayor: la etnografía puede convertirse en una fuerza muy conservadora, que puede servir para diseñar sistemas y productos que nos hagan aceptar situaciones desfavorables o injustas.

Un ejemplo rápido, algunas estaciones de metro de madrid que se solían colapsar de pasajeros han sido reformadas. En lugar de poner más trenes con más frecuencia se ha optado por ensanchar los andenes para que la gente no se sienta tan apretada pero siga teniendo que dejar pasar trenes porque la gente no cabe. Justo antes de esa reforma se podía ver a chavalillos con credencial contando personas.

Otro ejemplo de ese lado evil es, precisamente, el tipo de trabajo de Envirosell: rediseñar los supermercados para que la gente acabe comprando más. ¿Cómo? Cambiando las cosas de sito cada cierto tiempo y obligándonos a recorrer más metros para tentarnos con más cosas, poniendo productos de venta prioritaria a la altura de los ojos o colocando las chucherías en las cajas, para tentar a los niños mientras esperamos en la cola para pagar.

De IDEO también se ha dicho que si investiga tanto el contexto y hace productos que se adapten a el, nunca cambia el contexto. En el lado opuesto a IDEO estarían Sony o Apple, poco dados a la etnografía y más a crear productos nuevos para contextos de uso que no existían previamente, como el Walkman.

Evidentemente estoy forzando los ejemplos para mostrar confrontación donde no la hay (o donde no hay tanta), aunque la reflexión merece la pena. Nos lleva al viejo tema de si la metodología anula la creatividad o la encauza. Un colega de prestigio que mejor no nombro dice, medio en broma medio en serio, que

“la metodología es para los que no tienen ni puta idea”

La cosa tiene su parte de verdad, aunque mejor no decirlo en público no sea que alguno de los que empiezan vaya y se despeñe por salirse del camino.

Lo indudable es que la metodología condiciona y tiende a provocar que diseñemos productos hechos en serie, igualitos unos a otros. Si nada cambias, nada cambia. También es cierto que sin método tienes muy pocas probabilidades de hacer algo sólido. Cuanto más quieras asegurar, más tendrás que ceñirte a la metodología, pero menos probabilidad de cambiar las cosas de forma significativa.

Mejor paro, que me estoy metiendo en un berenjenal yo solito y para este post no tenía un guión hecho ;-)

Programa Vostok, un lanzamiento especial en un día especial (o espacial)

Thursday, 12 de April de 2007

Tal día como hoy de 1961 Yuri Gagarin despegó a bordo de la nave Vostok-1 para orbitar alrededor del planeta. Sus primeras palabras fueron Puedo ver la Tierra, es muy bella. Aquellos pioneros espaciales afrontaron su gesta como una búsqueda de la belleza, quedando muy por encima de la propaganda política de su época.

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Esa actitud de búsqueda y honestidad, de la que se podrían contar mil anécdotas, siempre me ha parecido inspiradora.En homenaje a todos ellos, decidí que mi proyecto actual se llamara Programa Vostok. Y qué mejor día para anunciarlo que hoy, aniversario del primer viaje.

Formar a cinco diseñadores de interacción

La primera tarea del Programa Vostok es formar a cinco diseñadores de interacción durante cinco meses, con mucha atención y voluntad. Esas cinco personas tendrán mañana su primera sesión de cuatro horas. Confieso que estoy algo nervioso; es una responsabilidad muy grande.

Diseñar productos digitales

Mi otro objetivo es diseñar productos digitales para personas normales y corrientes. Es algo que empecé a hacer de verdad con los mejores cuando diseñamos La Coctelera. Después vino 11870.com por último Feevy.

En estos momentos estoy diseñando un lector de noticias que María Martínez va a programar (lujazo!).

Consultoría

En unas semanas empezaré a hacer consultoría de diseño de interacción y productos digitales. Espero poder trabajar en proyectos bonitos con clientes inteligentes, de esos con los que aprendes mientras trabajas.

Sobre el logo…

Algunos ya sabrán que Vostok significa este, oriente, por donde sale el sol. Es el símbolo clásico de la razón. Respecto al logotipo, como podéis ver, es un cohete en posición vertical, símbolo del viaje que está a punto de empezar.

En resumen…

Empiezo nueva etapa con un propósito firme, dedicarme a lo que me gusta. Hacerlo lo mejor posible y siempre de acuerdo con mis principios y valores. Como decía Trecet, la busqueda de la belleza es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo.

Poyekhali!

Un buen lector de feeds

Tuesday, 27 de March de 2007

ACTUALIZACIÓN:
He lanzado Planetaki.com, un lector de feeds extremadamente sencillo de usar. En su diseño busqué la facilidad de uso total y que cuando te creas un “planeta” (donde leer tus feeds) puedas decidir si es público o privado. He puesto mucho esfuerzo en su diseño, espero que te resulte útil.

Llevo bastante tiempo (años) dándole vueltas a la idea de los lectores de feeds y con ganas de diseñar uno. Los que hay fallan por muchos lados y aún no hemos dado con la tecla para hacerlos mejores. Hay varios hechos que me llaman mucho la atención.

Nadie usa lectores de feeds (ni sabe lo que son).

Y cuando digo nadie me refiero a un porcentaje muy bajo de la gente que usa internet. No es algo que me invente yo. La gente del proyecto SPIRE lo deja muy claro en un interesantísimo estudio (pdf) publicado recientemente:


¿Queda claro? Quienes más lo usan son los menores de 18 años y no pasan de ser el 20%. De otras edades ni hablamos. Y eso que la muestra está obtenida online, con el consiguiente sesgo techie que suelen tener estos datos. Especialmente interesante es la comparativa con el Messenger o con la Wikipedia, tanto por edad como por porcentaje de usuarios.También podemos verlo de otro modo:

La gran mayoría de la gente común y normal ni usa lectores de feeds (al menos Bloglines, el más popular) ni ha oido hablar de eso. No le demos más vueltas.

El problema está en el concepto: ¿qué demonios es un feed?

El concepto de feed no es sencillo para los profanos: “Es un archivo invisible que tienen algunas webs (sólo algunas), donde se van publicando las cosas nuevas para que desde fuera las lean”. ¡Uf!

Por muy bien que lo diseñemos, un lector de feeds siempre tendrá un handicap a la hora de ganar usuarios: para saber usarlo hay que saber qué es un feed. Si todas las webs tuvieran feed no habría problema, bastaría con que el usuario supiera la URL de la web que quiere leer y el programa lector se haría cargo de averiguar cuál es el archivo RSS y hacer que todo funcionase. El problema aparece cuando hay que explicar que no todas las webs funcionan así; acaba uno teniendo que hablar de feeds y rss sea como sea. Es un callejón sin salida.

Los que sí usan feeds lo hacen compulsivamente.

Hace unos días hice una pequeña encuesta entre los miembros de Cadius (usuarios ultra-avanzados) sobre cómo usaban ellos los lectores de feeds. Al ver los resultados confirmé una sospecha: cuanto más veterano es el usuario, más frecuentemente consulta los feeds. Casi como una droga: con el tiempo te atrapa y te pide más y más dosis, cada vez con más frecuencia.

Muchos posts sin leer, malo. Ningún post sin leer, malo.

Es lo más divertido del asunto. El uso compulsivo de los lectores de feeds actuales lleva irremediablemente a la ansiedad informacional. Pero curiosamente es tan malo encontrar 100 posts sin leer como encontrar el contador a cero. Si nos encontramos con 200 posts sin leer nos entra la angustia y acabamos haciendo una pasada superficial para calmar nuestra conciencia y sentir que hemos cumplido con los deberes informacionales. Si el contador está a cero, nos ponemos de los nervios. Se nos acaba internet. Un montón de trabajo y no hay en qué procrastinar. En ese momento leeríamos lo que fuera por tal de calmar el mono.

El adicto al lector de feeds busca formas de autoengañarse.

Es impresionante ver cómo intentamos racionalizar el uso compulsivo de feeds. “Yo los organizo en carpetas según prioridad”, “yo borro uno cada vez que añado uno”… Recuerda a eso que todos hemos oido de “yo no soy yonki, lo tengo controlado” o “voy a salir, ya no me meto tanto”.

Diseñar un buen lector de feeds (o al menos uno diferente).

Volviendo al tema, lo que me interesa no son los lectores compulsivos sino cómo popularizar los lectores de feeds entre quienes no lo usan. Cómo hacerlo elegantemente, sin convertirlos en yonkis informacionales y sin tener que llenarles el cerebro de palabros como feed, sindicación, xml, rss, atom… Cómo hacer un buen lector de feeds, o al menos uno distinto.

Hace años que me apetece ponerme con ello. Tengo algunas cosas claras y otras borrosas, pero creo que hemos aprendido mucho en este tiempo y que merece la pena intentarlo. Os confieso que llevo semanas garabateando cosas en el cuaderno y que ya he hecho algún que otro prototipo (aún no me atrevo a enseñar nada). Será una bonita segunda misión para el Programa Vostok.
Me va a hacer falta contar con alguien capaz de maquetar y programar la cosa con muchas ganas y profesionalidad. Que pueda dedicarle tiempo de forma responsable y quiera hacerlo por amor a las personas. Si sabes de alguien escribeme, por favor.

Mientras tanto, me vendrá bien conocer historias de gente que empieza a usar los lectores, de nuestros padres, madres y amigos que trabajan en otras cosas, de cuántos feeds leen, cómo lo usan, cómo empezaron, qué clase de cosas leen, quién se los ha configurado, cómo han evolucionado. Todo eso. Gracias por adelantado.

Wabi-Sabi: belleza de lo imperfecto, lo impermanente y lo incompleto.

Monday, 13 de February de 2006

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Acabo de terminar la lectura de Wabi-Sabi: for Artists, Designers, Poets & Philosophers, un libro que recomiendo a cualquiera que aspire a entender el diseño en todas sus dimensiones.

Wabi-Sabi es un concepto japonés que hace referencia a la belleza de lo imperfecto, lo impermanente y lo incompleto.

Nada es perfecto en la naturaleza, al menos en el sentido geométrico-euclidiano en que lo concibe occidente. Nada es impermanente porque todo está en proceso, todo en la vida nace o muere. Y nada es completo porque si lo fuera, sería perfecto y permanente, porque la completitud no existe en la naturaleza; es sólo una abstracción ideada por el hombre.

Esta estética, surgida alrededor de la vieja ceremonia del té, tiene mucho de melancólico y otoñal. Es la estética de los objetos que envejecen con el uso, que están hechos de materiales orgánicos, que tienen vida propia.

Wabi-Sabi es la madera, el metal oxidado, el cáñamo, la tela cruda, la cerámica…

Lo que más me sorprendió del libro fue la comparación que hace el autor entre el Wabi-Sabi y la “estética modernista” nacida en Europa con la Bauhaus y reivindicada por la Escuela de Ulm (encarnada en la Braun):

    Similitudes:

  • las dos se refieren a cualquier objeto, espacio o diseño creado por el hombre
  • las dos surgen como reacciones contundentes contra las sensibilidades establecidas. El modernismo surge contra el eclecticismo y el clasicismo del s. XIX; el Wabi-Sabi surge por oposición al perfeccionismo chino del s. XVI
  • las dos evitan cualquier ornamentación que no es consustancial a la estructura.
  • ambas son representaciones abstractas de la belleza
  • ambas son claramente identificables por las superficies de sus objetos: el modernismo es pulido, limpio y regular; el Wabi-Sabi es rugoso, imperfecto y crudo.

    Principales diferencias:

  • El modernismo implica una visión del mundo racional, el Wabi-Sabi propone una visión intuitiva.
  • El modernismo propone principios absolutos; el Wabi-Sabi los propone relativos.
  • El modernismo busca productos fabricables en serie, reproducciones exaxctas; el Wabi-Sabi produce objetos únicos y artesanales.
  • El modernismo expresa su fe en el progreso y mira al futuro; para el Wabi-Sabi no hay progreso ni futuro.
  • El modernismo se basa en la organización geométrica de la forma; el Wabi-Sabi se basa en la forma orgánica.
  • El modernismo usa materiales artificiales; el Wabi-Sabi usa materiales naturales.
  • El modernismo se expresa desde la pureza; en el Wabi-Sabi la corrosión y la degradación enriquecen la expresión.
  • El modernismo es luminoso y brillante; el Wabi-Sabi es oscuro y mate.
  • etc.

El libro me ha recordado la casa del pueblo de mis abuelos. Siempre me gustó fijarme en las herramientas de labranza, en cómo envejecían y eran más agradables cuanto más viejas. La madera se iba puliendo con el uso, el metal de las azadas se corroía por unos sitios y se pulía por los otros, por los que tocaban la tierra. Todas esas herramientas envejecían y lo hacían con mucha dignidad.

Tom Kelley, de IDEO, decía en algún sitio que las personas desarrollamos vínculos emocionales con los productos que envejecen con nosotros (los pantalones vaqueros, las cámaras de fotos, los coches…). El desgaste que experimentan nos recuerda que han vivido con nosotros, que nos han acompañado de cerca.

Los productos de hoy en día envejecen fatal. Quizás porque abusan del plástico, porque apenas tienen materiales orgánicos. Quizás si hubiera más tela o más madera en los gadgets de hoy en día… Quizás si las cámaras digitales tuvieran cuero como las de antes, o el scrollwheel del iPod se desgastase con el uso…

Lifeline Radio: diseño social e implicaciones (desde la óptica de redes).

Sunday, 23 de October de 2005

dispositivo para podcasts wifi

Hace una semana recibí en casa la Radio Lifeline. Se trata de una radio autónoma, diseñada para acercar la educación a niños del tercer mundo sin recursos ni acceso a escuelas.

La pude comprar a través de C. Crane, mediante un programa muy interesante: por cada radio que compra alguien, ellos mandan otra al programa de la FreePlay Foundation, que es quien está impulsando el proyecto.

Para qué sirve

El fin de esta radio es hacer llegar la educación a niños y jóvenes de zonas muy desfavorecidas en paises como Ruanda, Níger, Zambia, Mozambique o Indonesia, entre otros. Se trata de niños sin acceso a escuelas, que subsisten por su cuenta y son vulnerables al virus del SIDA y a la guerra.

Mediante la Lifeline Radio los niños pueden acceder a programas educativos a distancia y asegurarse una formación mínima, estén donde estén.

Cómo es su diseño

Su principal característica es que se trata de una radio autónoma, no necesita pilas o una toma de corriente. Su batería se puede cargar mediante una placa solar incorporada o mediante una resistente manivela.

Se trata de una radio muy sólida, de un plástico muy duro. Debe pesar en torno a los 2 kgs. Toda su construcción está pensada para aguantar condiciones ambientales duras. Es resistente al sol y la humedad extremos, y la su forma facilita la portabilidad.

Recibe FM, AM y dos tramos diferentes de onda corta (SW), por lo que puede recibir emisiones de cualquier parte del mundo. Una curiosidad es que el dial no está grabado sobre el plástico, sino que es de papel y sus colores se pueden cambiar para evitar asociaciones delicadas con movimientos, ejércitos o partidos políticos.

También destaca que la antena es un simple alambre. Si se rompe o se pierde, se remplaza por otro y listos.

Diseño con vocación social y de calidad

Todo el proyecto alrededor de esta radio se me hace especialmente interesante. Por un lado, tiene una vocación social clara, muy loable. En la linea de la Refugee Radio que comentábamos aquí hace unas semanas y de las enseñanzas de Victor Papanek.

Los retos de diseño ante un producto así también son interesantes. Hay que diseñar un producto útil, eficaz, resistente, duradero, usable y autónomo. Y todo eso conteniendo los costes.

Fomentar el broadcast vs. las redes

Estoy convencido de que la gente Freeplay foundation tiene unas intenciones muy sanas. Pero sus radios pueden usarse de una forma muy perversa, igual que hicieron los Nazis con la radio de Kersting (después llamada Volksempfänger).

La radio es una tecnología fundamentalmente unidireccional. Permite que un centro distribuya un mensaje a muchos receptores pasivos. Puro broadcast. El medio favorito de quienes usan la comunicación con fines persuasivos (comerciales, religiosos, ideológicos o bélicos)

La misma Freeplay que enseña ciencias al niño campesino de Burundi puede difundir consignas de limpieza étnica en Ruanda o mensajes yihadistas en Indonesia.

Ese es el lado perverso de las tecnologías broadcast: nunca se usan con fines filantrópicos.

¿Y si le diésemos la vuelta al modelo mediante tecnología en red? ¿Qué pasaría si en lugar de receptores se distribuyesen transceptores?. Pues ocurriría que cada usuario sería emisor y receptor a la vez. Se podrían destinar ciertas frecuencias a la educación de los chavales, y mantener otras para permitir la comunicación libre entre usuarios.

The Economist nos contaba cómo la telefonía móvil estaba revitalizando la economía de algunas zonas de África. Los móviles, sin embargo, sólo permiten comunicación punto a punto, no broadcast. La esencia de los transceptores es que hacen las dos cosas a la vez. No es one to one, sino many to many.

La radio en red permite conversaciones del valle a la montaña, de una aldea a otra. Capaces de atravesar fronteras, sin control y gratis. Sólo harían falta unas horas de sol al día o el músculo contra la manivela.

Me cuesta imaginar las implicaciones culturales, económicas y políticas de algo así, pero las intuyo importantes. Qué interesante sería leer a gente como Medina o De Ugarte, expertos en teoría de redes y ciberactivismo, reflexionando sobre el tema.

¿Alguien sabe qué le pasa al diseño estadounidense?

Sunday, 11 de September de 2005

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A veces parece que los estadounidenses hayan perdido el rumbo. Por completo. Me refiero, por supuesto, al ámbito del diseño.

Han fallado los premios del Annual Design Review, el que se supone el mejor premio de diseño de los EEUU, y los premiados le dejan a uno una sensación… rara. ¿Qué demonios estarían pensando cuando votaron?

Estos son los premiados en cada categoría:

La cosa parece que vaya en broma, ¿verdad? Tijeras para el marisco de los ricos, con sus casetas de diseño para perros, sus sillas de materiales desastrosos para el medioambiente… Y yo que pensaba que el buen diseño solucionaba problemas individuales y sociales.

¿No había nada mejor? Un buen amigo decía que los premiados parecían los típicos clasificados en tercer o cuarto lugar. Me pregunto por qué no le han echado valentía y han declarado algunas categorías desiertas. No hubiera pasado nada, de verdad.

Salvo el cubo de pintura y los capullos para vagabundos (con un claro componente satírico), lo demás denota una forma de entender el diseño nada innovadora, carente de ingenio, poco social y opulenta.

Mi premio n.1 va para la Refugee Radio de Marieke Gaast

Mientras tanto, Mareike Gaast, una joven diseñadora europea, propone la Refugee Radio, un concepto diametralmente opuesto a los premiados en el certamen norteamericano.

Gaast ha diseñado una radio pensada para ser usada en campos de refugiados (de Palestina o el Sahara a Nueva Orleans). Se trata de una radio de muy bajo coste que ni siquiera necesita baterías (funciona con un cristal de ferrita) y que serviría para recibir frecuencias de AM de una forma extremadamente sencilla.

La Refugee Radio está pensada para que el usuario pueda personalizarla con facilidad, bien por estética o bien porque el usuario necesite camuflarla. Además, las instrucciones de uso y montaje están en el propio envase.

La radio de Gaast ha aportado mucho más a la sociedad y al diseño que todos los premiados del Annual Design Review. Sin embargo, el establishment del diseño norteamericano sigue viviendo en su burbuja fashion de productos caros y trapitos negros.

Regency TR1 y el iPod mini: cinco coincidencias, cincuenta años después.

Sunday, 20 de February de 2005

nada nuevo bajo el sol

Hace algo más de medio siglo que se lanzó la primera radio a transistores: el Regency TR1. Fue toda una revolución, pues rompía con las pesadas radios de válvulas que necesitaban una mesa y una toma eléctrica para funcionar.

Antes del Regency, la radio se escuchaba en casa, en el salón. A partir de 1954 la radio ya iba contigo a todas partes. El TR1 era la primera radio de bolsillo de verdad. Cabía en la palma de la mano, funcionaba a pilas y podía llevarse a cualquier parte. Se convirtió en un símbolo de modernidad y diferenciación.

La radio ahora se escuchaba de otra forma: las primeras radio-fórmulas consolidaban el nuevo formato musical, el single. Con el TR1 los jóvenes podían llevarse la música a otra parte, lejos de sus padres. Nacía el Rock’N'Roll.

La casa Regency decidió lanzar su transistor en varios colores: blanco, dorado, azul, verde, gris, rosa…

Una historia tremendamente familiar, que nos recuerda al… iPod mini!!

Cinco coincidencias, cincuenta años después:

1. el concepto: un reproductor de música miniaturizado y portátil.

2. el diseño: un rectángulo que contiene un círculo, el dial, que sirve para navegar entre opciones.

3. los sabores: dorado, azul, verde, gris y rosa. Los mismos. Tras esos colores, en el Regency vinieron los colores iridiscentes y carcasas transparentes (habrá que estar atentos…).

4. los accesorios: funda de piel, auriculares…

5. el patrón de uso: consumir música por canciones (singles y archivos mp3) y no por álbumes.

Si consigo ver más lejos es porque he conseguido auparme a hombros de gigantes
Isaac Newton

Realfleet y cómo distinguir la estética del styling.

Sunday, 9 de January de 2005

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Haciendo navegación de fin de semana, me he topado con el Realfleet Dynabook, una preciosidad de portátil, con interior Toshiba y exterior diseñado por Intentionallis. Este modelo de ordenador entra por los ojos. Destaca el uso del aluminio y del color, tanto en el teclado, donde cada grupo de teclas tiene un tono de gris distinto, como en la tapa y la base reposamuñecas, hecha en piel de color teja.

Al ver el portátil, mi cabeza y mi corazón me han dado señales diferentes, como si tuviera un angel y un demonio susurrándome a cada lado de la cabeza. Uno decía “no sucumbas a la tentación, es puro styling, estética vacía” y otro replicaba “si es precioso… no se parece a nada ¿te imaginas usándolo? qué tacto, qué color…”

Es evidente que hay ciertos elementos estéticos en este portátil que lo hacen deseable. La cuestión es ¿son diseño o son styling? Dicho de otro modo, el portátil busca aparentar lo que no es? ¿Hay algo de superfluo en su exterior?

La estética per se no es mala. Lo es, en palabras de Otl Aicher, cuando deja de ser presentación y se convierte en representación. Es decir, cuando busca “aparentar” o transmitir algo que el objeto no es. Eso mismo es el styling: modificar el aspecto de algo para que aparente ser algo distinto de lo que es.

Os propongo un truco para distinguir la estética del styling: evocar el sacapuntas de Raymond Loewy, con forma aerodinámica, como si fuera a volar, pero atornillado a una mesa para poder ser usado. Puro styling: valores de modernidad, velocidad, “streamline”, para algo que no tenía nada que ver con eso, ni por naturaleza, ni por función o contexto de uso.

El test del sacapuntas nos dice que este ordenador, que a primera vista nos resulta bello, no busca aparentar algo que no es. Es cierto que el color nos resulta más agradable, que el cuero gusta al tacto o que el acero transmite robustez. Seguro que este ordenador envejece bien. Lo que no se puede decir de él es que aparente algo que no es: no busca parecer más rápido, no busca parecer más moderno ni con más características. Ahí está la diferencia.

Ya en caliente, apetece seguir hablando de la batalla por la estética y todas sus implicaciones, pero mejor lo dejamos para otro día.

Dyson dimite: la eterna batalla entre la sustancia y el styling.

Sunday, 3 de October de 2004

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Hace unos días, James Dyson dimitió de su puesto de presidente del Design Museum de Londres. Las razones, muy claras: lo hizo como protesta al rumbo que estaba tomando el museo. Según él, se está primando el estilo vacuo sobre la sustancia. Parece que la postura de la directora, Alice Rawsthorn se decantaba por una concepción del diseño más “accesible a la gente”.

La gota que colmó el vaso fue la cancelación de la exposición de la Conran Foundation en favor de una sobre Constance Spry y sus habilidades con las composiciones florales.

Lo primero que se nos ocurre ante una noticia así es ir a ver el calendario de exposiciones en los próximos meses. Hay un poco de todo. La cosa empieza mal: una retrospectiva del diseño moderno en el hogar (muebles, básicamente). Prosigue con Marc Newson, diseñador cortesano y abanderado del metal con formas redondeadas. Continúa con “Designing Modern Life” que analiza la manera en que el diseño cambia la forma en que vivimos cotidianamente. Prosigue con una colectiva acerca de lo que es “buen diseño”. Y el cartel previsto concluye con “You are here”, una historia del diseño de información que promete muy mucho.

Aunque la agenda ofrece cosas interesantes (no me perdería “Designing Modern Life” y “You are here”), es verdad que los muebles, las flores y
los brushed aluminiums se hacen un poco empalagosos.

La postura de Dyson (que por cierto es el inventor de la famosa aspiradora Dyson recuerda un poco al enfrentamiento entre Henry Dreyfuss y Raymond Loewy. Dreyfuss acusaba a Loewy de hacer simple styling, vacío y sin utilidad. Para Dreyfuss, el diseño consistía en proyectar objetos y sistemas para solucionar problemas de formas novedosas. Además, esas soluciones debían adecuarse a la singularidad de sus usuarios.

Loewy, sin embargo, creía que el diseño debía servir para diferenciar un objeto de otro, y así ayudar a que se incrementaran las ventas: The most beautiful curve is a rising sales graph. La actuación de Loewy se basaba en diseñar el “exterior” de los objetos para hacerlos más “bonitos”. De hecho, este diseñador fue el gran aliado de la industria automovilística de los 50 en los EEUU. Todos recordamos aquellos coches exageradamente aerodinámicos que evocaban naves espaciales.

Como decía, Dreyfuss era muy crítico con la concepción del diseño que tenía Loewy. Solía ejemplificar su crítica evocando el famoso sacapuntas que, a pesar de estar atornillado a la mesa, “parecía que fuera a salir volando”.

Supongo que Dyson, el presidente del Design Museum, se cansó de sacapuntas aerodinámicos. Le interesaba más el lado “solucionador”, es decir, diseño como ingeniería (de ingenio) y no como decoración.

El debate sobre el styling siempre es necesario. Nos ayuda a distinguir lo sustancial de lo puramente superfluo, que parece entrar más fácil pero no trasciende en el tiempo, no es honesto, no aporta nada útil.

Algo así pasa, a veces, con el diseño de interacción, ¿verdad?. Pero eso es tema para otro día. Hoy nos vamos al kiosco, a ver cuántas de las revistas que dicen ser de diseño hablan de diseño de verdad y cuántas son muebles, lámparas, dibujitos sin sentido y fotos bizarras.

Muji: diseño kanketsu, ecológico y sin marca.

Saturday, 17 de April de 2004

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Siempre me ha fascinado el reproductor de CDs de Muji: una sola pieza, colgada en la pared, que se enciende y apaga tirando del cable, como si fuera una lamparita. Diseño de interacción reducido a casi cero. Es el ejemplo perfecto de la simplicidad absoluta; lo que en japonés se denomina kanketsu.

Muji es una marca muy especial. Su filosofía consiste en vender objetos que reunen tres características esenciales: carecen de marca, son sencillos y simples, y están fabricados con mucha sensibilidad por el medioambiente.

La gran mayoría de productos de Muji han sido proyectados por diseñadores de prestigio, pero la condición siempre ha sido que salgan al mercado sin firma y que el nombre del diseñador se mantenga en el anonimato. De hecho, Muji es la abreviatura de mujirushi ryohin, que en japonés significa “producto sin marca”. Este planteamiento hace posible abaratar el precio de venta, porque uno no paga firma, como ocurre con los productos de los diseñadores cortesanos (Stark y similares).

Desde su inicio como marca blanca para los supremercados Seiyu, los productos de Muji se han caracterizado por estar fabricados con pocos materiales que, además, no han sufrido tratamientos químicos perjudiciales para el medioambiente: ni colores artificiales, ni embalajes innecesarios…

Los productos de Muji son, sin ninguna duda, parte de lo que hoy se denomina “nuevo racionalismo”. iniciado por Dieter Rams y Hans Gugelot, y retomado hoy en el diseño de marcas como Apple o diseñadores como Jasper Morrison (en su última etapa) o Naoto Fukasawa. Esencialmente, el nuevo racionalismo propugna que la forma y estética de un objeto (sea físico o virtual) se debe derivar de su uso. En palabras de Fukasawa: design dissolving in behavior.

Ah, por cierto, algunos de los productos de Muji se pueden comprar online, si no tenemos previsto un viaje a Japón, Londres, París o Dublín.