Dyson dimite: la eterna batalla entre la sustancia y el styling.

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Hace unos días, James Dyson dimitió de su puesto de presidente del Design Museum de Londres. Las razones, muy claras: lo hizo como protesta al rumbo que estaba tomando el museo. Según él, se está primando el estilo vacuo sobre la sustancia. Parece que la postura de la directora, Alice Rawsthorn se decantaba por una concepción del diseño más “accesible a la gente”.

La gota que colmó el vaso fue la cancelación de la exposición de la Conran Foundation en favor de una sobre Constance Spry y sus habilidades con las composiciones florales.

Lo primero que se nos ocurre ante una noticia así es ir a ver el calendario de exposiciones en los próximos meses. Hay un poco de todo. La cosa empieza mal: una retrospectiva del diseño moderno en el hogar (muebles, básicamente). Prosigue con Marc Newson, diseñador cortesano y abanderado del metal con formas redondeadas. Continúa con “Designing Modern Life” que analiza la manera en que el diseño cambia la forma en que vivimos cotidianamente. Prosigue con una colectiva acerca de lo que es “buen diseño”. Y el cartel previsto concluye con “You are here”, una historia del diseño de información que promete muy mucho.

Aunque la agenda ofrece cosas interesantes (no me perdería “Designing Modern Life” y “You are here”), es verdad que los muebles, las flores y
los brushed aluminiums se hacen un poco empalagosos.

La postura de Dyson (que por cierto es el inventor de la famosa aspiradora Dyson recuerda un poco al enfrentamiento entre Henry Dreyfuss y Raymond Loewy. Dreyfuss acusaba a Loewy de hacer simple styling, vacío y sin utilidad. Para Dreyfuss, el diseño consistía en proyectar objetos y sistemas para solucionar problemas de formas novedosas. Además, esas soluciones debían adecuarse a la singularidad de sus usuarios.

Loewy, sin embargo, creía que el diseño debía servir para diferenciar un objeto de otro, y así ayudar a que se incrementaran las ventas: The most beautiful curve is a rising sales graph. La actuación de Loewy se basaba en diseñar el “exterior” de los objetos para hacerlos más “bonitos”. De hecho, este diseñador fue el gran aliado de la industria automovilística de los 50 en los EEUU. Todos recordamos aquellos coches exageradamente aerodinámicos que evocaban naves espaciales.

Como decía, Dreyfuss era muy crítico con la concepción del diseño que tenía Loewy. Solía ejemplificar su crítica evocando el famoso sacapuntas que, a pesar de estar atornillado a la mesa, “parecía que fuera a salir volando”.

Supongo que Dyson, el presidente del Design Museum, se cansó de sacapuntas aerodinámicos. Le interesaba más el lado “solucionador”, es decir, diseño como ingeniería (de ingenio) y no como decoración.

El debate sobre el styling siempre es necesario. Nos ayuda a distinguir lo sustancial de lo puramente superfluo, que parece entrar más fácil pero no trasciende en el tiempo, no es honesto, no aporta nada útil.

Algo así pasa, a veces, con el diseño de interacción, ¿verdad?. Pero eso es tema para otro día. Hoy nos vamos al kiosco, a ver cuántas de las revistas que dicen ser de diseño hablan de diseño de verdad y cuántas son muebles, lámparas, dibujitos sin sentido y fotos bizarras.

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