El aeropuerto de Colonia-Bonn: cuando la señal es la marca.

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El aeropuerto de Colonia-Bonn ha estrenado nueva señalética este verano. El trabajo de diseño ha corrido a cargo del estudio de diseño de Ruedi Baur.

Es un proyecto asombroso. No se trata de un sistema de señalización sin más, sino de toda una semántica de comunicación basada en el pictograma y una paleta de colores muy viva. Una especie de Isotype entre funky y naif.

Este conjunto iconográfico lo abarca todo: los servicios interactivos del aeropuerto (web, wap y teletexto), el uniforme del personal, la señalización de las pistas, la decoración de algún que otro avión, el merchandising y, por supuesto, la señalética de todas las instalaciones.

El proyecto es un ejemplo buenísimo de cómo función, forma y emoción se conjugan a la perfección. En este caso, la señalética es la identidad del aeropuerto, su marca, y además su idioma. Y en todos esos campos sale bien parada.

No hace demasiado tiempo, Paul Mijksenaar dotaba de sobriedad y racionalidad a los aeropuertos de Nueva York, una ciudad de ensueño. Hoy Baur le da vida y color a un aeropuerto que, además de ser alemán, era considerablemente gris y estaba plantado en medio de ninguna parte. Es curioso.

Ruedi Baur es famoso por sus trabajos de señalética (además de algunas publicaciones). Entre estos trabajos destaca la señalización del Centro Pompidou.

La revista Experimenta publica en su número 45 (Sept.-Oct. 2003) una entrevista con el diseñador, a propósito de su trabajo para el mencionado aeropuerto. En ella se le pregunta si cree que la señalética adquirirá una dimensión más lúdica tras este proyecto. Baur responde:

“Además de orientar, la señalética hace que un lugar sea creible, expresa su contenido, su funcionamiento, lo identifica y lo diferencia. Puede ser expresivca unas veces y contenida otras; en algunos casos juguetona, en otros, seria. Lo importante es que participe de la vida del lugar en el que está y no sea un elemento artificial cuya relación con el sitio se limita a la norma”

Merece la pena comprar éste número de la Experimenta (con diseño de Baur) en portada, sólo por la entrevista y las imagenes de este fabuloso trabajo.

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