Fitts y la máquina de chucherías de la oficina.

Os presento a Shopper (pronunciado “shopaaaah”), la nueva máquina dispensadora de mi oficina. Su signo de identidad es el enorme botón azul (en la imagen), con unos 10 cm. de diámetro, que sirve para confirmar la compra. Difícil de pasar por alto.
La primera impresión que se lleva uno al verla es que nos tratan como a ratones de laboratorio: pulsa el botón y se abre una puerta con tu comida. Después de comentarlo con algunos compañeros, concluimos que en realidad se trata de la Ley de Fitts aplicada al comercio electrónico.
En 1954, Paul M. Fitts probó científicamente que el tiempo que se requiere para alcanzar a pulsar un objetivo depende de una relación logarítmica entre su superficie y la distancia a la que se encuentra. Desde entonces, los estudios relacionados con la ley de Fitts constituyen uno de los campos de mayor avance en la Interacción Persona-Ordenador.
Este principio, que puede parecer evidente, tiene aplicaciones muy diversas en diseño. Uno de los ejemplos más evidentes quizás sea el de las calculadoras que usan en las tiendas, con teclas enormes para facilitar los cálculos casi sin mirar. En diseño interactivo, tres cuartos de lo mismo: botones, enlaces, listados de opciones…
Un buen
“>tutorial sobre ley de Fitts aplicada al diseño web es el de Scott Berkun, de Microsoft. También vale la pena echarle un vistazo al apartado de Fitts en las KDE Interface Guidelines.
Con la excusa de Fitts, Tognazzini se montó un concursillo muy simpático: A Quiz Designed to Give you Fitts, que básicamente es un cuestionario para que los diseñadores de interacción pongan a prueba sus conocimientos sobre la materia (y de paso meterle caña a los productos Microsoft).
Por último, este test de Fitts online, diseñado por Estudiantes de Berkeley, permite al usuario someterse a la prueba y contrastar sus resultados con la predicción matemática de la ley.