
Cada vez creo menos en los proyectos en los que se trabaja de forma secuencial entre arquitectos de información y diseñadores gráficos. De hecho, ya no me siento cómodo cuando trabajo en proyectos donde se da ese reparto de perfiles.
Toda esta metodología de consultora integral se sustenta en dos conceptos que para mi son falaces:
Falacia 1: En cada fase del proyecto, los diferentes grupos de especialistas aportan algo al producto, como en una perfecta cadena de montaje. Primero los arquitectos de información, estructurando información a nivel macro (árbol) y micro (página). Cada aportación suma para darle más valor al producto, hasta su resultado final.
Refutación: La aportación de cada equipo no siempre suma, sino que a menudo resta. Los objetivos individuales de unos y otros suelen no coincidir y sus esfuerzos pueden acabar contraponiendose. Sus referencias son distintas, y su relación con el cliente también. Ambos equipos quieren dejar huella en el proyecto, y los diseñadores gráficos no quieren ser simples continuadores del trabajo de otros (para algo son “creativos”). El trabajo de unos se ve anulado, diluido, debilitado, por la aportación de los otros.
Falacia 2: La documentación asegura que el trabajo de arquitectura de información se asume y adopta en la fase de diseño gráfico.
Refutación: La información no pasa de un equipo a otro. Los arquitectos de información están muy ocupados con los últimos cambios del cliente como para sentarse con los diseñadores. Los diseñadores gráficos no tienen tiempo, costumbre ni interés en sentarse a hablar con los AIs. Lo importante para ellos es ganarse al cliente con un buen archivo de Photoshop.
Pongamos un ejemplo ficticio: La empresa ACME necesita rediseñar una serie de aplicaciones para conseguir reducir el tiempo que se tarda en llevar a cabo cada tarea.
El equipo de AIU ha analizado las aplicaciones viejas, la forma tradicional de llevar a cabo el proceso y el modo en que los usuarios estructuran mentalmente toda esa información. Tras ello ha estructurado una serie de procesos de forma muy lineal, para que los usuarios no puedan perderse y romper la secuencia con facilidad. Los prototipos refuerzan esa idea, con módulos de información que inciden en la direccionalidad con secuencias de izquierda a derecha. Su documentación consiste en unos diagramas de flujos y unos prototipos de pantallas.
El equipo de grafistas entra en el proyecto. Se entrevistan con el personal de Marketing de ACME, que les traslada el libro de estilo de la marca (colores, logos, mensajes, etc.). Como los plazos son cortos, mantienen una reunión con los de usabilidad. Mero trámite. Se van va sus mesas y trabajan en unos colores muy en la linea de la guía de estilo. Los iconos también siguen el estilo “corporativo”.
El jefe de proyecto les pide que “se sienten juntos a ver los PSDs”.
Los iconos no se reconocen, la linealidad no se percibe apenas y que se ha desaprovechado la oportunidad de usar el color para reforzar cada una de las fases. En su lugar se ha usado sólo una gama de rojos, muy en la linea de los pantones corporativos.
Para que la interfaz sea más humana se han incluido unas fotos (del banco de imágenes corporativo) que hacen que los botones de acción queden por debajo del scroll. El indicador de progreso (que dice en qué fase está el usuario) es microscópico para evitar que el scroll se vaya más de madre…
Los grafistas se sienten evaluados y se cierran en banda. Los de usabilidad no reconocen sus prototipos en esos PSDs. Se discute, pero no se pelea. Al final se cambian dos tonterías para llegar a una “solución de consenso” y se deja el resto como estaba.
Otro proyecto que ha fracasado antes de llegar a los programadores.
Suena familiar ¿verdad?
Se podría decir que hay un cúmulo de problemas tras estas situaciones: falta de comunicación, falta de formación en diseño de unos y falta de visión estructural por parte de otros. Incluso se podría decir que a los jefes de proyecto les falta conocimiento de interfaz para poder tomar decisiones en lugar de “mediar” entre partes.
Personalmente, creo que se trata de un problema organizativo y metodológico: No tiene sentido que existan equipos diferentes de arquitectura de información y de diseño gráfico. Y lo más absurdo es que estén al mismo nivel, que el trabajo de unos y otros esté al mismo nivel y que en caso de conflicto se busque una solución “de consenso”.
Está claro que debe haber especializaciones, pero que sean a título individual. El equipo de diseño de interacción debe ser uno solo. Deben compartir la misma información, ir a las mismas reuniones y compartir las mismas referencias. Tiene que haber AIs más visuales y grafistas más estructurales. En definitiva, unos más diseñadores de interacción y los otros más de información. ¡Si hace falta, que se roten en las tareas!. Sólo así compartirán objetivos. Luego se equivocarán o no, pero al menos no se neutralizarán mútuamente.
(¡buf!, ya me siento mejor…)