¿Puede haber diseño de interacción con vocación de cambio?

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Uno de los textos más bellos y motivadores jamás escritos sobre el diseño como profesión es el Manifiesto fundacional de la Bauhaus, escrito por Walter Gropius.

El texto hace un llamamiento por la unidad de las “disciplinas” en favor de la idea de volver al taller, de trabajar juntas y de formar un nuevo gremio que aune todos los saberes al servicio de un fin común. La Bauhaus reniega del diseño cortesano (lo que llaman artistas de salón) y propone democratizar la idea de hombre renacentista. Un gremio de creadores que construyan con una mentalidad libre de compartimentos.

La idea me parece preciosa, bella y extremadamente actual.

Hace unos días, leyendo Functioning Form, el excelente blog de Luke Wroblewski, se me erizó el vello. Luke denunciaba que nuestro gremio, falto de credos, se compartimentaba en disciplinas verticales en lugar de creencias horizontales.

En el mundo anglosajón-americano existe casi una docena de grupos y asociaciones que se atribuyen total representatividad sobre los profesionales y obras del diseño de interacción y la experiencia de usuario (AifIA, IxDG, AIGA, SIGGRAPH, BACHFES, STC, UPA, IDSA, etc.). Lo triste no es que compitan entre si sino que, como denuncia Luke Wroblewski, la razón de ser de todas ellas sea ocupar su pequeña parcela de conocimiento:

Instead of manifestos, these groups produce mission statements. Instead of advocating unique approaches (philosophies) to advancing user experience design they seek to expand their recognition and influence within companies and the design community.

Wroblewski propone sustituir el “soy especialista en…” por “creo en”. Tras ello sugiere un movimiento inspirado por la diversidad natural.

La idea de que el diseño debe emular las formas de la naturaleza, más sabia y armónica, es nueva en diseño de interacción. Es interesante y probablemente acertada. Pero quizás sea algo débil ideológicamente. Tiene fundamento, pero carece de verdadera vocación de cambio, al menos visto desde los ojos de un europeo.

¿Por qué los europeos, que todo lo vemos en clave ideológica, no hemos pensado el diseño de interacción desde nuestros valores? Quizás me equivoco, pero intuyo que todo lo que nos une a otros europeos y todo lo que nos diferencia del mundo anglosajón se acabará traduciendo en la forma y propósito de nuestro diseño de interacción. Llevo meses dándole vueltas a esta idea.

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