Realfleet y cómo distinguir la estética del styling.

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Haciendo navegación de fin de semana, me he topado con el Realfleet Dynabook, una preciosidad de portátil, con interior Toshiba y exterior diseñado por Intentionallis. Este modelo de ordenador entra por los ojos. Destaca el uso del aluminio y del color, tanto en el teclado, donde cada grupo de teclas tiene un tono de gris distinto, como en la tapa y la base reposamuñecas, hecha en piel de color teja.

Al ver el portátil, mi cabeza y mi corazón me han dado señales diferentes, como si tuviera un angel y un demonio susurrándome a cada lado de la cabeza. Uno decía “no sucumbas a la tentación, es puro styling, estética vacía” y otro replicaba “si es precioso… no se parece a nada ¿te imaginas usándolo? qué tacto, qué color…”

Es evidente que hay ciertos elementos estéticos en este portátil que lo hacen deseable. La cuestión es ¿son diseño o son styling? Dicho de otro modo, el portátil busca aparentar lo que no es? ¿Hay algo de superfluo en su exterior?

La estética per se no es mala. Lo es, en palabras de Otl Aicher, cuando deja de ser presentación y se convierte en representación. Es decir, cuando busca “aparentar” o transmitir algo que el objeto no es. Eso mismo es el styling: modificar el aspecto de algo para que aparente ser algo distinto de lo que es.

Os propongo un truco para distinguir la estética del styling: evocar el sacapuntas de Raymond Loewy, con forma aerodinámica, como si fuera a volar, pero atornillado a una mesa para poder ser usado. Puro styling: valores de modernidad, velocidad, “streamline”, para algo que no tenía nada que ver con eso, ni por naturaleza, ni por función o contexto de uso.

El test del sacapuntas nos dice que este ordenador, que a primera vista nos resulta bello, no busca aparentar algo que no es. Es cierto que el color nos resulta más agradable, que el cuero gusta al tacto o que el acero transmite robustez. Seguro que este ordenador envejece bien. Lo que no se puede decir de él es que aparente algo que no es: no busca parecer más rápido, no busca parecer más moderno ni con más características. Ahí está la diferencia.

Ya en caliente, apetece seguir hablando de la batalla por la estética y todas sus implicaciones, pero mejor lo dejamos para otro día.

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