Usabilidad inherente vs. usabilidad aparente (el experimento de los cajeros).

Hace unos días, Eduardo Manchón publicó un excelente artículo sobre la relación entre estética y usabilidad. En el artículo, se repasan los casos en los que la estética va en detrimento de la usabilidad con mucho acierto.
El artículo se centra especialmente en los webs de contenidos en internet, donde la sobreornamentación no sólo causa ruido, sino que aumenta los tiempos de descarga, contribuyendo a que el usuario tenga una percepción negativa del sitio que está usando.
Sin embargo, esto puede no ser siempre así.
En 1995 dos investigadores japoneses llevaron a cabo un estudio para evaluar cómo la estética afectaba a la percepción que los usuarios tenían de la usabilidad de un interfaz. Para ello, tomaron una muestra de 252 usuarios y les observaron mientras usaban dos interfaces de cajero automático distintos:
Cajero 1: con problemas evidentes de usabilidad, pero con un alto componente estético.
Cajero 2: con mejor usabilidad, pero un componente estético peor.
Durante la observación registraron tanto los problemas de usabilidad real (usabilidad inherente), como los problemas de usabilidad percibidos (usabilidad aparente).
Sorprendentemente, el resultado fue que el cajero 1 se valoraba como más usable, a pesar de que ese dato no era objetivamente cierto. De esta forma, quedaba demostrado que la estética influye en cómo se percibe la usabilidad de un interfaz (Kurosu y Kashimura, 1995).
El estudio recibió críticas de investigadores que atribuían los resultados a factores culturales. Al fin y al cabo, los japonenes son gente que valora mucho los aspectos estéticos de la tecnología.
Para demostrar que el estudio de Kurosu y Kashimura no era válido, un israelí repitió el experimento con usuarios de su país, tradicionalmente más inclinados hacia la facilidad de uso y menos hacia la estética.
Las conclusiones del segundo estudio no sólo validaron el primero, sino que en el caso de los israelíes esta “ilusión de usabilidad” era aún mayor (Tractinsky, 1997).
Esto no significa en absoluto que la ornamentación innecesaria desemboque en percepción de usabilidad. Más bien habría que limitarse a concluir que en la percepción de la usabilidad no sólo influyen aspectos objetivos, sino que hay un componente muy grande de variables emocionales.