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Brecha digital y diseño de interacción para el pueblo.
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Hoy en dia, el acceso a la tecnología es caro y dfícil. Caro porque los ordenadores tienen un coste, y no todas las familias pueden costearlo. Y difícil, por la complejidad del lenguaje interactivo. Usar ordenadores supone aprender todo un lenguaje de metáforas, convenciones, términos y conceptos relativos a la interacción con la máquina. La mayoría de veces que se hace referencia a este fenómeno, la brecha digital, se plantea desde una perspectiva económica. Se asume que saber usar ordenadores es algo que se aprende a base de horas. Para ello hace falta que la gente tenga acceso a esos ordenadores. Por lo tanto, hay que abaratar los costes, comprarlos con dinero público o subvencionar su adquisición. La dificultad de uso se asume por naturaleza cuando hablamos de interacción con ordenadores. Nunca nos planteamos que la dificultad de uso también frena la penetración de la tecnología. Cuando Kersting simplificó el funcionamiento de sus receptores de radio, sabía que ganando en facilidad ganaba en número de usuarios. Eso marcó una diferencia entre Kersting y el resto de iniciativas democratizadoras en diseño, desde la Bauhaus hasta Ikea. Afortunadamente, la democratización del software, ya está en la agenda de algunos políticos, y eso es algo de lo que sentirse orgullosos. Gente como Belloch han logrado ser portada en Wired por hacer política social de otra manera y poner un pingüino en las urnas. Sin embargo, en esta batalla por el software libre se nos olvida la simplificación de la interacción. La interacción entre personas y ordenadores es una torre de babel. Apenas existen convenciones, y la cantidad de conceptos, metáforas, elementos, símbolos, etc. que hace falta conocer para moverse con soltura es abrumador. Siguen haciendo falta muchos meses de contacto físico con un PC para dejar de ser un analfabeto. Quizás haga falta que alguien, por arriba, nos ponga a todos de acuerdo para que podamos crear, de una vez por todas, un lenguaje de interacción común, estandarizado y simplificado. Al fin y al cabo, la estandarización reduciría costes, de producción y cognitivos. Si se puede hacer interacción más asequible, más gente podrá hacer uso de ella. El software libre puede abaratar la tecnología y quizás el (buen) diseño de interacción pueda acercarla más al pueblo. Por cierto, la gente de APICE enseña informática e internet a chavales de barrios desfavorecidos de Madrid. Su objetivo es hacer que los niños y niñas de estas zonas puedan tener oportunidades que sus circunstancias les han negado. Siempre les vienen bien voluntarios. 27 de May, 2003 |
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