Dieter Rams vs. WabiSabi

Por serendipia llego a un tweet de mi amigo Juanjo Seixas de 2011 en el que me refiere a éste álbum: Music for Dieter Rams, un conjunto de canciones creadas por Jon Brooks exclusivamente a partir de los sonidos del despertador AB-30, diseñado por el maestro alemán

"Every sound on this record, from the melodic sounds to the percussion, the atmospheric effects to the bass lines originates from the Braun AB-30 alarm clock."
 


Escucho tranquilo y me quedo mirando a mi AB-5, de la misma familia:

La idea de componer inspirándote en un objeto y todo lo que simboliza es bonita. Es un camino desde lo funcional a lo emocional muy interesante. Últimamente ando viviendo muchos de esos, tratando de ponerlos en orden en mi cabeza, de entenderlos.

Suenan las notas, algo frías, germánicas, perfectas en su ritmo y su alegoría de perfección... Y me viene a la cabeza (cómo no) Kraftwerk. Uno de los favoritos de mi hijo y que suena mucho en casa estos meses. Ellos también cantaron al progreso moderno. Y también se inspiraron en algún objeto, clásico del diseño, para componer sus cancioines. En concreto en la serie de radios Voksempfänger diseñadas por W. M. Kersting  (otro día os cuento más de ella):


Tanto Kraftwerk como Jon Brooks proponen una música que es diseño alemán puro. Es una manera de forma-función aséptica. El rol del músico es neutro, igual que el rol del diseñador moderno: ambos dejan que sea la función y el contenido el que se exprese. En este caso es la precisión del chip, los impulsos digitales amplificando su actividad. Una música muy especial pues evoca sin emocionar.

A la vez, en la mesa está, recién leído, "Wabi-Sabi, Further Thoughts". Un libro que habla de la belleza de lo imperfecto, de lo vivo que está en permanente evolución porque nace o muere, de lo gastado, vivido, oxidado, descompuesto.


Y me pregunto si existe un término medio entre ambas bellezas, o si merece la pena encontrarlo. Al fin y al cabo los términos medios siempre me parecieron el lugar más aburrido del mundo.

Quizás no haya que buscar una media geométrica, quizás sea una síntesis, a la manera las tríadas dialécticas. Una forma de diseñar para los sentidos, una manera de, proyectualmente, crear objetos, lugares, momentos, sabores... Que son bellos y útiles al mismo tiempo, que cumplen su función y emocionan, pero no porque sean capaces de hacer las dos, sino porque las dos son una. Puede que lleve años, siglos, delante nuestro y aún no nos hayamos dado cuenta.

Los ocho alumnos del Programa Vostok VI

Con mucha ilusión por ellos, pero también mía, y con algo de vértigo por si podré estar a la altura, anuncio los ocho alumnos que en septiembre de este año empiezan Vostok, el programa que imparto para formar a buenos diseñadores de productos digitales. Estas son las ocho personas:

Este año he sudado sangre para hacer la selección. Dos meses completos con muchísimas entrevistas y lo peor de todo: tener que dejar fuera a gente con un potencial tremendo, por respeto al formato, y mi compromiso con las personas que lo forman.

Muchas felicidades a los ocho.

Por qué #whymaps

Un par de videos de Youtube de cinco minutos cada uno me han hecho pensar más que un año de televisión. Así de potente es el trabajo que están haciendo Sergio y Bruno en Whymaps, un proyecto para contar, ilustrar y hacernos pensar sobre temas importantes. Me parece maravilloso por dos motivos: lo que logran y cómo lo logran.

Llevan ya dos temas tratados: la crisis de Siria y la democracia (sí, son temas ambiciosos). Con el primer video arasaron tanto en número de visualizaciones -muchos millones- como en difusión o imitadores. El segundo acaba de salir y tiene dos partes. Ésta es la primera:

El trabajo es asombroso y digno de aplauso lento por dos motivos: lo que hacen y cómo lo hacen. El “qué”: dar contexto para que podamos aprender mejor sobre un asunto y no opinemos al estilo tertuliano: con cuatro datos perros, sin entender los por qués, los actores o los antecedentes de las cosas. El cómo es quizás lo que más me sorprende, lo que disfruto en cada uno de los videos. Es el maridaje perfecto entre narración analítica (puramente narrativa, abstracta y secuencial) con comunicación sintética: visual, espacial, de conjunto.

Los que me han oído hablar de esto saben bien los ejemplos que uso siempre para explicarlo: una te cuenta el bosque con una vista aérea, la otra desde dentro, yendo de un árbol a otro. La analítica es el mapa que te da el navegador GPS antes de iniciar la ruta: te enseña el territorio y el camino que harás; la sintética es la que se inicia cuando empiezas a circular: no ves el todo, sólo las instrucciones de ruta paso a paso: gira a la derecha, avanza un kilómetro, gira a la izquierda en la intersección… Aicher decía que las ideas complejas y abstractas necesitan de comunicación analítica -sería imposible contar la Crítica de la Razón Práctica con un croquis- mientras que las ideas concretas y más espaciales se explican mejor con comunicación sintética. Este rollo no es porque quiera soltar la clase de siempre, sino para dar contexto al siguiente razonamiento (veis, esto es comunicación analítica: una idea se apoya en la siguiente):

Los temas de Whymaps son fenómenos sociales multidimensionales:  ocurren en el espacio geográfico y en el tiempo. Necesitan mapas y diagramas para contarse, pero también secuencia. Es una historia que hace zoom in y zoom out, que pasa de vistas aéreas del bosque a pasear entre los árboles, o a detenerse en uno en concreto.

Tanto Bruno (Programa Vostok) como Sergio (Nave Nodriza) se han formado en diseño y lo han sabido combinar magistralmente con una capacidad para contar cosas con muchos otros medios y capacidades que ya traían de antes. Cada vez lo tengo más claro: diseñar bien es dar placer a todos los sentidos y a la vez seducir a la mente. Para eso no basta con "hacer UX" sino que hay que saber de muchas cosas distintas.

Eventos honestos, ponentes contentos

En 2014 la organización de UXFighters - Experience Fighters me ofreció dar una charla en su evento. Iba a ser un evento de pago, tanto la asistencia como el streaming se pagaban. Pero los ponentes no iban a cobrar nada. Ni-un-duro. 

Expliqué que no podía aceptar partcipar en un evento con ánimo de lucro que no pagaba el esfuerzo de quienes aportaban el contenido, que eso era precisamente una de las lacras de nuestra profesión (las propuestas no pagadas, el trabajo especulativo, etc.) y que un evento que quería abanderar la profesión no podía caer precisamente en eso. Me explicaron que es que perdían dinero si pagaban a los ponentes. Contesté que si pagaban el local y el cátering y el servicio de video, por qué dejaban a los ponentes sin cobrar. Me contestaron que muchos ganan en prestigio. Contesté que si ellos vienen a mi y no yo a ellos, será que parte del prestigio también lo obtienen de los ponentes. Les propuse una solución sencilla:

Pagadme algo simbólico: os cobro a 80€/hora y van a ser 45 minutos de charla. Dadme la parte proporcional. Dadsela a todos los ponentes: 60€ por charla. No quiero cobrar el tiempo de preparación ni las molestias ni lucrarme siquiera. Tampoco os causo gastos de desplazamiento o alojamiento. Sólo quiero un precio simbólico, que tengáis el gesto.

Rechazaron.
Su respuesta fue “si te lo damos a ti tenemos que dárselo a todos. Yo rechacé su invitación.

El año siguiente me propusieron pagarme. Ciento y algo euros, o dos entradas. Una cantidad ridícula si piensa uno lo que se tarda en preparar una charla así (entre dos y tres días). Pero acepté porque había un pago y porque prometieron liberar todos los videos de las charlas para los que no podían asistir (ese año no iba a haber streaming). No cobré dinero porque una entrada se la di a mi pareja y la otra a un alumno. Pero tampoco he visto publicado el video de mi charla. Y hace ya medio año y tres tweets pidiéndoselo. Qué poco serio ha resultado el UXFighters. Espero no tener nada más que ver con ellos. 

Me gusta divulgar lo que sé y me gusta aprender de otros que lo hacen. Disfruto con el intercambio de ideas de los eventos y cuando esos eventos me dan la oportunidad de conocer en persona a gente que respeto o de dar con gente nueva que me sorprende. Voy encantado a muchos eventos y el 99% de las veces salgo sonriendo y muy bien tratado. En algunos cobro y en otros no. Baso mi decisión en estos principios:


1. No hago esto por dinero sino por placer intelectual
Mi motivador principal es compartir conocimiento. Se gana más dinero diseñando, creedme. Pero enseñar y compartir a menudo es más enriquecedor.


2. Me parece perfecto lucrarse con la formación
Creo en el ánimo de lucro, me parece bien que alguien gane dinero organizando un evento. Es un trabajo y tiene un precio. 


3. Si tú te lucras me tienes que pagar
Si hay ánimo de lucro en un evento en el que soy ponente, si se cobra la asistencia, espero que se pague mi aportación. Igual que se paga la de los técnicos de sonido, el local, los materiales, etc. Es una cuestión de respeto al conocimiento. Los ponentes son tu producto, elígelo bien, exígeles y corresponde a su esfuerzo.


4. Si no te lucras, yo tampoco quiero ganar
Si un evento no cobra y difunde me conformo con que cubran mis gastos, con no tener que poner dinero de viaje o alojamiento. El conocimiento y la preparación la doy con gusto y por respeto a la gente que hace un esfuerzo por estar allí. Y porque me lo paso bien.


5. Si cobras un precio simbólico, págame un precio simbólico
Si un evento cobra un precio simbólico me conformo con un pago simbólico (un regalo, una buena comida, etc.), siempre que se divulguen las charlas. A veces los organizadores trabajan por amor al diseño. Yo correspondo. Me conformo con que cubran gastos.


6. Los detalles importan
Gente que te regala un chorizo ibérico (ha pasado!), paga un pasaje para tu pareja o te lleva a cenar a un sitio especial. Organizadores que fomentan que los ponentes se conozcan entre si, que hacen esfuerzos por recogerte del aeropuerto con sus coches personales. Esas cosas denotan pasión por lo que hacemos y merecen respeto y apoyo.

Acabo de llegar de dar un taller y una charla en FEED2015, organizado por la Asociación de Diseñadores Gallegos (DAG). Me han pagado un precio más que justo, han cubierto mis gastos y me han dado de comer generosamente (son gallegos, qué esperabas). También he conocido a gente interesantísima que quiero volver a ver en el futuro. La DAG me han recordado lo que es hacer algo por amor a un a profesión, con ganas y cariño. El tipo de eventos al que uno no puede decir que no.