La charla más importante

El día 4 de julio presentamos el Instituto Tramontana en Wayra Madrid y yo daba la charla más importante de mi carrera.

¿Sabes cuando crees que todo va a ser un desastre y decides no pensar en ello y tirar adelante sin mirar? Pues así estaba yo. Teníamos bajas en el equipo, abrimos más frentes de los que podíamos gestionar: desde unos jamones que tenían que llegar cortados de Huelva a la gestión contrarreloj de los ponentes. Para colmo, la lista de plazas se llenó a las dos horas de abrirla y la de espera rebosaba. Te juro que estaba muerto de miedo, pero decidí no preocuparme y centrarme en la charla.

Todo salió a pedir de boca, menos mal. Di gracias al cielo por Isabella y Mónica, por Wayra, por Jorge y Sergio con los ponentes y por la buena gente que vino. Fue algo redondo.

El evento tuvo tres partes: una presentación del Instituto, mi charla sobre diseño y una mesa redonda de lo mejorcito de la dirección de producto digital.

Decía que era la charla más importante de mi carrera, sí, pero eso no lo sabía nadie, sólo yo. En esos 25 minutos tenía que ser capaz de transmitir una gran idea imbricando veinte piezas diferentes: de la pintura renacentista a la religiosidad presbiteriana, de Silicon Valley a un hipotético Apple que diseñase desde Italia, templos griegos, contrareforma católica, Ulm, cuchillos con grabados, una mansión refugio contra la peste, los otomanos y hasta el jamón y el vino que teníamos en la mesa. Todo estaba conectado y todo me iba a servir para hablar de diseño, de cómo y por qué diseñamos lo que diseñamos y para cuestionarnos los caminos y los propósitos.

Fue —con la torpeza de la primera verbalización— la síntesis de todo en lo que creo cuando hablamos de crear cosas. Y por eso es la charla más importante de mi vida.

Te la dejo aquí: Pensar y hacer el diseño. Entre la Utilidad y el deleite

Creo que sirve para hacernos preguntas, aunque no todos lleguemos al mismo lugar, porque no es un recorrido, es una gran malla de ideas. Si decides verla, compárteme tus impresiones, concuerdes o disientas.

Me gustaría repetirla, darla de nuevo en casas de amigos, en estudios de aquí y de allá, en eventos o en empresas que me lo pidan, sin cobrar por ello; me ayudará a mejorarla y a abrir reflexión sobre algo que creo que nos conviene como profesión.

De Ulm a Cádiz

Están siendo meses intensos para quienes nos hemos embarcado en esta aventura de crear el Instituto Tramontana, probablemente el proyecto más importante de mi vida.

Prácticamente todo lo que me ocurre en estos meses se conecta de forma natural en relación al Instituto: lo que leo, lo que veo cuando viajo, lo que pienso cuando me retiro, las personas que conozco o lo que escucho. Como en todas las cosas en las que pones mucho de ti mismo, surgen emociones, ideas, dudas, ilusiones…

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Un poco por necesidad de desahogo y otro poco por encontrar complicidades, he decidido ir contando esas cosas que me y nos ocurren, que leo, que pienso, que me cuentan. Y lo voy a hacer en mensajes sin periodicidad ni mucho envase; con ilusión de recibir respuestas, de compartir con quienes sientan interés por esto de ayudar a formar a gente que cree, diseñe, construya y gestione cosas mejores. A estos mensajes los he llamado “De Ulm a Cádiz”, que me parece una metáfora muy bonita de ese eje “Utilitas - Delectus” y que además es un viaje personal, necesario, simbólico y real.

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Moderna o decó

¿Con cuál te quedas?

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Dos ediciones del mismo libro. Una de principios del s. XX (no está fechado) y la otra de 1958. La antigua, en estilo decó, parte de una preciosa colección de manuales que vendía Gallach por 214,50 pesetas si la comprabas entera, y de regalo te daban un precioso mueble para encajarlos todos. La segunda, una edición austera, algo más voluminosa y generosa en la tipografía, impulsada por Mariano Rubió hijo.

El libro es una pasada. Me está sirviendo para dar forma a los grupos de estudio del Instituto Tramontana, junto con otras lecturas.

Elige, ¿Con qué edición te quedas? ¿La moderna o la decó?

¿Customize?

Cada alternativa de diseño que dejas en manos de tus usuarios es una decisión que no has sabido tomar como diseñador.

Dicho por mí mismo, cientos de veces.

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Dicho de otro modo, la cantidad de opciones en un diseño es inversamente proporcional a la cantidad de información que tenemos. A medida que crece la información sobre el usuario, el contexto y el dispositivo, e reduce el número de soluciones posibles en la interfaz.

Si conocemos (o podemos inferir) la hora de uso, la luz ambiente, la densidad de información, el tipo de pantalla del usuario, el estado de su visión, el tipo de contenido que consume más, etc. podemos tomar una decisión sobre el contraste idóneo entre el color del texto y el fondo.

Las opciones de customización, especialmente de cuestiones más de la forma y no tanto de la función, pueden parecer algo positivo pero sólo añaden ruido y poco o nada de valor. Cuando veo este tipo de decisiones en manos de empresas grandes que claramente tenían datos para tomar una buena decisión, pienso que quizás lo hacen para dar que hablar, para generar una falsa sensación de libertad o —Dios no lo quiera— por torpeza del equipo de diseño.

A modo de post scriptum, escribí un cuentecito hace unos años jugueteando con la idea de la personalización extrema; lo titulé HEX 64A7AE.

Poesía de rechazo

La poesía moderna más moderna no es poesía de acogida, sino de rechazo, o mejor, de repulsión.

[…]

El nuevo hombre de letras no consigue el efecto que busca diciendo que para él el negro jorobado tiene aureola. Lo consigue diciendo que, a punto de abrazar por fin a la más bella de las mujeres, le produjo nauseas ver que tenía un grano encima de la ceja con una mancha de grasa en el pulgar izquierdo.

G. K. Chesterton en “El humanismo, ¿Es una religión?”

De sticker a pegatina de verdad

Poniéndome al día tras unas breves vacaciones, recibo con alegría una carta manuscrita (qué delicia) de Jordi Mon, quien tiene el detallazo de mandarme algunas de las pegatinas que ha hecho a partir de los stickers de Tramontana para Telegram: Dieter Rams y Jony Ive.

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Los adhesivos llegan en un momento divertido: Ive, harto de ordenadores y mandangas dice que se pira, que le dejemos en paz, que él lo que quiere es hacer lo que le plazca y por eso ha llamado a su empresa LoveFrom. Nadie podrá decir que no anticipamos ese momento:

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Jordi, moltíssimes gràcies pel detall 😊

Más studiositas y menos curiositas

Tras mi conferencia en la presentación del Instituto Tramontana, muchas personas me dijeron que echaban de menos volver a estudiar como forma de reforzar su profesión de diseñadores. Me resultó esperanzador.

Mi sensación es que hoy los diseñadores somos muy dados a la curiositas y poco a la studiositas.

Curiositas y studiositas son dos términos enfrentados que acuña Tomás de Aquino en su Suma Teológica y que creo que sirven muy bien para describir lo que quiero explicar.

Para Tomás de Aquino la studiositas es el estudio ordenado, estructurado, de un área del saber, con el fin de acercarse a su verdad. Es una actitud que presupone esfuerzo, planificación y dedicación constante. Mediante la studiositas nos volvemos más sabios de forma progresiva; cimentamos nuestro conocimiento y desarrollamos una visión propia, independiente y cargada de criterio. La studiositas ayuda, además, a conectar saberes, algo necesario en cualquier disciplina creadora.

Lo opuesto a la studiositas es la curiositas: el picoteo de aquí y de allá, sin planificación ni profundización, guiado más por la necesidad de entretenimiento que por el deseo de conocimiento. La curiositas, según Tomás de Aquino, viene en trocitos pequeños, sirve para evadirnos, para divertirnos un rato y —esto es lo más perverso— para crear la falsa apariencia de aprendizaje, que a menudo usamos para aparentar ante los demás.

Suena familiar, ¿verdad? La studiositas pide tanto esfuerzo que acabamos cayendo en la curiositas: charlas TED, Netflix, Youtube, articulitos ligeros con diez consejos o cinco principios o simples tweets. Datos triviales, titulares, opiniones envasadas, axiomas sencillitos y anécdotas curiosas.

La curiositas es la enemiga del aprendizaje: lo que nos entrega no se acumula, se desvanece. Nos da pautas a imitar en lugar de desarrollar sentido crítico; nos lleva a lugares comunes en lugar de descubrirnos terrenos desconocidos. La studiositas nos hace más individuales, la curiositas más del montón.

La fragmentación y edulcoración del conocimiento para hacerlo “contenido” mata la studiositas. Queremos contenido cada vez más entretenido y en fragmentos más pequeños ¿Por qué leer un libro si hay un documental en Netflix o un artículo con las diez ideas que necesito saber, o mejor aún, un hilo de Twitter?

Estamos de acuerdo en que el estudio debe ser algo que ocurra en todo momento de nuestra vida, ¿Verdad? Bien, pues si eso es así, decidme, ¿A qué estudio de verdad se entrega el diseñador medio? Ya os lo digo yo: poquito o ninguno. Es desolador.

La curiositas está matando nuestra capacidad de crecer como diseñadores, de plantearnos escenarios, modelos o propósitos nuevos. Nos hace peones acríticos con lo que hacemos y con la forma en que lo hacemos. Nos hace del montón, operarios repetidores de técnicas en cadenas de montaje que sólo ven su tramo del proceso, que no entienden qué pasa ni entienden que sea importante entenderlo.

En todos los diseñadores buenos que conozco, en todos los profesionales que admiro, veo siempre deseo de verdad y hábito, disciplina, en el aprendizaje. Son personas que trazan sus caminos de búsqueda de conocimiento de forma muy consciente, que conectan mundos en su aprendizaje y que enriquecen todo lo que tocan. Son personas que siento más libres, más únicas.

Una de las iniciativas que estamos armando en el Instituto Tramontana son los grupos de estudio: grupos de personas que deciden aprender de un tema concreto mediante lectura, reflexión y conversación, todo ello tutorizado por alguien experto y culto en ese ámbito. Tengo muchas dudas respecto a la mejor forma de hacerlo y también respecto a qué acogida real tendrá.

Todo el mundo dice querer aprender, pero a la hora de la verdad, casi todos dicen no tener tiempo, que es el mejor disfraz de la pereza. No sé cómo podemos luchar contra eso.

Peca de modesto

Por fin Cris Busquets se ha decidido a entrevistar a Wences Sanz en UI From Mars.

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La he leído con ganas y me ha gustado, pero me ha parecido que en toda su humildad, que es buena, peca de modesto y no se transmite del todo lo importante que ha sido/está siendo su labor.

Nunca he trabajado con Wences ni me he ido de copas con él; no me ha contratado ni yo le he contratado nunca a él. No nos debemos nada. Y desde esa independencia puedo decir que le ha dado mucho combustible al ámbito del diseño digital en España ¡Y sigue sin cansarse!

En algún momento tendremos que reconocérselo como toca.

Trigo

Me ha deleitado este trabajo fotográfico titulado Trigo, porque me evoca tardes de verano perdido conduciendo por carreteras secundarias, en este enamoramiento mío por Castilla, tardío y definitivo.

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La Red Nacional de Silos, impulsada en su origen por el Servicio Nacional del Trigo (fundado en 1936 durante la Guerra Civil Española) fue un proyecto desarrollado a partir de 1940 que pretendía dotar a las zonas agrícolas españolas de una serie de almacenes de cereal (silos y graneros).

[…]

Trigo nace con el objetivo de realizar una reflexión acerca de la despoblación y el abandono de los pueblos, provocados por la evolución de la sociedades hacia los grandes núcleos de población, empleando para ello como hilo conductor, el estado actual de algunos de los silos o unidades de almacenamiento de la red secundaria de la provincia de Palencia.

Trigo es un proyecto fotográfico de Víctor Quintana.

2012, sistemas y modo oscuro

Hoy, con buena intención, alguien me ha sugerido que me pusiera las pilas en sistemas de diseño y me ha hecho viajar al pasado. 2012 fue el año en el que empecé a hablar en público de sistemas de diseño. Fue en la primera edición del UXSpain y esta fue mi charla:

Recuerdo que parte de la audiencia me miraba raro. Por las reacciones deduje que muchos no habían entendido bien el valor de los sistemas, en un momento en que todo se diseñaba de manera tremendamente artesanal.

En esos años ya llevábamos varias ediciones del Programa Vostok y habíamos hecho algunos viajes a Ikea a ver, manosear y entender de cerca lo que era un sistema, aunque no fuese en lo digital. No teníamos a mano las estanterías Vitsoe de Rams ni los conjuntos de Gugelot, pero podíamos ir a ver las Billy, la versión low cost de los suecos.

Para nosotros no había otro camino que hacer "diseño sistémico". Así lo llamábamos y si me preguntáis os diré que hay una diferencia sustancial entre diseñar sistemas y diseñar sistémicamente, pero ahora no viene al caso.

En los eventos de entonces se criticaba mucho que los ponentes hablasen de conceptos sin mostrar ejemplos o trabajos propios. Por eso, en ese UXSpain decidí enseñar algunos nuestros que, ya en 2012, se habían hecho aplicando conceptos de diseño sistémico al 100%. Mostré Minube, Planetaki, Floresfrescas o Ducksboard, entre otras; pueden verse al final de la presentación. Algunos de esos ejemplos ya hacían uso de lo que ahora se llama dark mode ¡En 2010!

Vista con distancia, esa charla me parece ahora algo naïve. Los años, algunas experiencias, lecturas y una pizca de madurez me hacen ser un poquito más escéptico con los sistemas de diseño, pero no con la aproximación sistémica al diseño. Son cosas distintas, como digo, y me apetece desarrollar ese matiz en otro momento. Por ahora paro aquí, rescatando esta presentación con mi diatriba de abuelo cebolleta.

Tengan buena tarde.